Distribuidora de congelados con reparto propio
Depósito central: 4 cámaras de congelado, 2 de refrigerado y antecámara de despacho.
Un lunes a la mañana llama un restaurante: dice que la caja de langostinos llegó blanda y no la va a pagar. En el depósito nadie puede afirmar lo contrario. El termómetro de la cámara marcaba bien cuando alguien lo miró el viernes a la tarde, pero entre el viernes y el lunes no hay ningún registro, y la antecámara de despacho —donde los pallets esperan a que salga el reparto— nunca tuvo termómetro. La discusión no se puede ganar ni perder: no hay datos.
Dos roturas de cadena de frío en un año, ambas detectadas recién a la mañana siguiente. Y un problema aparte, más caro que las roturas: cada reclamo se resuelve con una nota de crédito porque no hay manera de probar en qué eslabón se rompió el frío.
14 puntos de medición, incluyendo la antecámara que nadie medía. Sensores de puerta en cámaras y en el muelle de carga, medición de consumo del equipo de frío, y alerta por Telegram con escalamiento: primero al encargado de depósito, y si no confirma en quince minutos, al dueño.
Las excursiones se detectan en minutos y no al otro día. El reporte de temperatura del período va impreso junto al remito, así que la discusión con el cliente pasó a resolverse mostrando la curva. Y apareció algo que nadie sospechaba: el pico no estaba en las cámaras sino en el muelle, los días que el reparto salía tarde y los pallets quedaban armados esperando.